viernes, 18 de septiembre de 2009

¿Miedo o pereza?


Existen dos clases de mártires en el mundo: los que sufren por la falta de vida y los que sufren por la abundancia de vida. Yo siempre me he considerado uno de los segundos.
Si te pones a pensarlo, casi ninguna conducta o actividad humana son esencialmente distintas al comportamiento de los demás animales. Las tecnologías más avanzadas y las artesanías nos llevan, cuando mucho, al nivel de un súper-chimpancé. A decir verdad la brecha que existe entre, digamos, Platón o Nietzsche y el humano promedio es mayor que la que hay entre ese chimpancé y el humano promedio.
La esfera de espíritus reales: el verdadero artista, el santo, el filósofo, rara vez se logra. ¿Por qué tan pocos? ¿Por qué la historia del mundo y de la evolución no son historias de progreso, sino esta infinita y fútil suma de ceros? No se han desarrollado valores mayores. ¡Diablos, hace tres mil años los griegos eran tan avanzados como nosotros! ¿Cuáles son las barreras que alejan a la gente de rozar su potencial verdadero? La respuesta a esta pregunta puede encontrarse en otra pregunta, que es: ¿Cuál es la característica humana más universal: el miedo o la pereza?
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Monólogo de Waking Life (Despertando a la vida) de Richard Linklater. Voz: Louis Mackey. 2001

6 comentarios:

Karla V dijo...

wow, qué belleza de película y yo con las ganas que tengo de volver a verla. gracias por recordármela

y también por pasarte por el blog ;)


saludos!

Anónimo dijo...

"Hay más distancia entre tal y tal hombre, que entre tal hombre y tal bestia, es decir, que el más excelente animal está más próximo del hombre menos inteligente, que este último de otro hombre grande y excelente"
Montaigne, "ensayos" vol. I, cap. XLII

Anónimo dijo...

¿La continuidad de la vida social sería posible sin esa compacta masa de hombres puramente imitativos, capaces de conservar los hábitos rutinarios que la sociedad les transfunde mediante la educación? El mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe, no engendra; pero, en cambio, custodia celosamente la armazón de automatismos, prejuicios y dogmas acumulados durante siglos, defendiendo ese capital común contra la asechanza de los inadaptables. Su rencor a los creadores se compensa por su resistencia a los destructores. Los hombres sin ideales desempeñan en la historia humana el mismo papel que la herencia en la evolución biológica: conservan y transmiten las variaciones útiles para la continuidad del grupo social. Constituyen una fuerza destinada a contrastar el poder disolvente de los inferiores y a contener las anticipaciones atrevidas de los visionarios. La cohesión del conjunto los necesita, como un mosaico bizantino al cemento que lo sostiene. Pero -hay que decirlo- el cemento no es el mosaico.

El hombre mediocre, José Ingenieros.

Julio García Gonzales dijo...

Algo está mal... algo debe estar mal si no hay realmente valores nuevos, si seguimos así... ¿A qué le teme el hombre? ¿Tanto es su desgano que no puede hacer nada? ¿Tanto temor a ese monstruo gigante que es la gran esfera de lo establecido, lo no derrumbable, lo grande, la "hermosa sociedad"?

Anónimo dijo...

Muy injustamente, se otorga al tedio un estatuto menor que a la angustia. en realidad es más virulento que ella, pero le repelen las demostraciones que tanto le gustan a aquélla. más modesto y sin embargo más devastador, puede surgir en cualquier momento, mientras que la angustia, distante, se reserva para las grandes ocasiones.

eme Meza dijo...

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