sábado 31 de octubre de 2009

The Seventh Season


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New Trolls interpretando: High Education - Cello Cadenza y The Seventh Season - Ostinato del álbum Concerto Grosso - The Seven Seasons (2007).

martes 20 de octubre de 2009

Ciudad sin sueño (Nocturno de Brooklyn Bridge)

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros

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No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

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No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

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Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

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Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero
A aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y, la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

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No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

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Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

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Federico García Lorca, Poeta en Nueva York (1930)

miércoles 14 de octubre de 2009

El Cholulo


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Escena de Waking Life (Despertando a la vida) de Richard Linklater. Música: Tosca Tango Orchestra. 2001

jueves 8 de octubre de 2009

Entimema

Per nessuno

No es tu sonrisa lo que me ata a tu boca. Ni el roce de nuestros labios ni la noción de tu lengua loca. Ni siquiera un hilo de saliva que, efímero, nos conecta un instante:
Es la expresión de tu rostro que miro de reojo cuando me finjo tan ciego como te veo. Es tu aliento penetrar mi alma -su despojo- desarticulada, fundida de deseo.
Son tus gestos al pensar. Son tus ojos al poseer cada objeto en que se posan. Soy yo reflejado en ellos, desarmado y asintiendo.
Es el eco que retumba en mi interior cuando cierras la puerta y la oscura silueta de tu ausencia.

viernes 2 de octubre de 2009

Por qué cantamos


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Nacha Guevara interpretando, en 1987, Por qué cantamos de Mario Benedetti. El poema dice:


Si cada hora vino con su muerte,

si el tiempo era una cueva de ladrones,

los aires ya no son tan buenos aires,

la vida nada más que un blanco móvil

y usted preguntará por qué cantamos


Si los nuestros quedaron sin abrazo,

la patria casi muerta de tristeza,

y el corazón del hombre se hizo añicos

antes de que estallara la vergüenza

Usted preguntará por qué cantamos

Cantamos porque el río está sonando,

y cuando el río suena suena el río.

Cantamos porque el cruel no tiene nombre

y en cambio tiene nombre su destino.


Cantamos porque el niño y porque todo

y porque algún futuro y porque el pueblo.

Cantamos porque los sobrevivientes

y nuestros muertos quieren que cantemos.


Si fuimos lejos como un horizonte,

si aquí quedaron árboles y cielo,

si cada noche siempre era una ausencia

y cada despertar un desencuentro

Usted preguntará por qué cantamos


Cantamos porque llueve sobre el surco

y somos militantes de la vida

y porque no podemos, ni queremos

dejar que la canción se haga cenizas.


Cantamos porque el grito no es bastante

y no es bastante el llanto, ni la bronca.

Cantamos porque creemos en la gente

y porque venceremos la derrota.


Cantamos porque el Sol nos reconoce

y porque el campo huele a primavera

y porque en este tallo, en aquel fruto

cada pregunta tiene su respuesta

lunes 28 de septiembre de 2009

Ruido y silencio


Nuestra crítica comenzó como comienzan todas las críticas: con duda. La duda se volvió nuestra narrativa.
La nuestra era una búsqueda por una nueva historia, una propia. Y nos aferramos a ella llevados por la sospecha de que el lenguaje ordinario no podría contarla.
Nuestro pasado apareció congelado a la distancia, y todos nuestros gestos y acentos significaron la negación del viejo mundo y el alcance de uno nuevo.
El modo en que vivíamos creó una nueva situación, una de exuberancia y amistad, propia de una microsociedad subversiva en el corazón de una sociedad que la ignoraba.
El arte no fue la meta, sino la ocasión y el método para localizar nuestro ritmo específico y las posibilidades enterradas de nuestro tiempo.
Se trataba del descubrimiento de una verdadera comunicación, o al menos de su búsqueda. La aventura de encontrarla y perderla.
Nosotros los desasosegados, los inconformes, continuamos buscando, llenando los silencios con nuestros propios deseos, miedos y fantasías, llevados adelante por la certeza de que sin importar qué tan vacío pareciera el mundo, sin importar qué tan degradado y usado luciera para nosotros, sabíamos que todo era posible aún. Y, dadas las circunstancias adecuadas, un nuevo mundo era tan posible como el viejo.

----COMENZAR DE NUEVO.... DESDE EL PRINCIPIO---- ________________________________________________
Monólogo de Waking Life (Despertando a la vida) de Richard Linklater. Voz: Steve Fitch. 2001

martes 22 de septiembre de 2009

El monstruo que hemos despertado

(...)De imprevisto aquéllo se presenta como un poder, como una fuerza misteriosa y temible que se ha provocado deliberadamente. "He provocado al monstruo", me digo. ¿Qué monstruo? El que está afuera, agazapado en un barranco o el que está agazapado en el pliegue de nuestra conciencia. Un monstruo que en cierto momento despierta —porque lo hemos despertado— y no sabemos lo que va a exigir de nosotros. La convicción de estar frente a una fuerza invisible y todopoderosa, provoca miedo. El que ha sentido Michaux y el que sienten los huicholes. Tienen miedo de volverse locos, o mejor dicho, miedo al miedo de enloquecer. De cualquier modo para los civilizados o los primitivos, es un "miedo abyecto". El cerebro se defiende del peligro de ser violado secretando horror. Claro, no se piensa en ese trabajo instintivo que intenta preservar la intimidad del yo. El terror, simplemente, está en un lugar indeterminado. Es un gran dios o una gran potencia nefanda. Nada se sabe de su naturaleza. Lo ve todo, lo sabe todo, está en todas partes. Entre él y nosotros se ha establecido una relación misteriosa. Ignoramos por qué nos juzga. Por qué nos amenaza. Ah, si al menos desapareciera el terror yo podría entender la verdad que se me está revelando, penetrar en el misterio de la vida, pero el miedo me lo impide.

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Mi "yo" se extiende sobre los árboles, las peñas, los abismos, los hombres, los venados azules, las águilas, los pájaros nocturnos, los templos de los hechiceros que agitan sus muvieris embrujados. Le es dada unidad. Oreja inmensa percibe el rumor del viento en las hojas nuevas de los robles, el sonido acompasado de los pies de los danzantes que golpean la tierra para que los dioses los escuchen desde sus moradas subterráneas, las toses de los niños, las historias de Hilario, el gemido acariciante de los violines, la voz de las montañas. Fundido, esparcido en este fragmento de vida, la sensación de formar parte de un gran todo, de abarcarlo en su integrdad, determia un inmenso alivio. El terror ha desaparecido.
(....)
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Fernando Benítez, En la tierra mágica del peyote. Capítulo 10: El sacrificio sangriento, editorial Era. 1968